Código Ético

Han transcurrido más de 30 años desde que en 1983 se constituyera CONFEBASK. Tres décadas durante las cuales la organización patronal ha cumplido con orgullo una función básica y primordial en la estructuración social, económica e institucional de Euskadi, contribuyendo de manera efectiva al progreso general. Y es que, la consolidación y desarrollo de las organizaciones empresariales está siendo consustancial al desarrollo mismo de la sociedad y de las instituciones democráticas.

Tiempos difíciles y convulsos han agitado su vida cotidiana, pero su responsabilidad, implicación con la sociedad vasca y capacidad de respuesta a los numerosos y complicados retos que nos han atenazado, han conseguido que CONFEBASK adquiera por derecho propio la condición de institución vertebradora.

En todo este tiempo CONFEBASK se ha hecho acreedora de una reputación que ha sido su aval y carta de presentación. Reputación que la organización valora como su mejor activo, consciente de que es un recurso intangible esencial, que mediatiza absolutamente tanto las relaciones internas como externas de la organización. Una buena reputación favorece la confianza y fidelidad de los asociados, la atracción y retención de los mejores recursos humanos, lubrica y da fiabilidad a las relaciones con los interlocutores, contribuye a tomar y aplicar las decisiones sin conflictos, permite organizar el trabajo con mayor fluidez, etc. Una mala reputación torpedea todo lo anterior y distorsiona el funcionamiento de la propia organización y el cumplimiento de su finalidad.

En consecuencia, la defensa y mejora de esa reputación es un objetivo prioritario para CONFEBASK, que además desea y exige que esa reputación tenga un basamento sólido, fortalecido.

La Constitución otorga a CONFEBASK, en cuanto organización empresarial más representativa, una función como agente social de la que derivan cometidos socialmente muy relevantes. CONFEBASK asume esa competencia de representación del empresariado vasco con especial responsabilidad y compromiso, consciente de la hondura de las repercusiones que su ejercicio conlleva.

El respeto debido a esa importante encomienda exige un comportamiento impoluto de la organización.

De ahí la necesidad sentida de un Código ético que exprese con toda claridad y detalle cuales son los valores de la organización que han de regir el desenvolvimiento de su actividad. En definitiva, se trata de manifestar los compromisos y las responsabilidades éticas que la organización asume, y derivadamente las pautas generales de conducta y comportamiento que se requieren en la actividad profesional.