Hablando de dimensión empresarial

“El principal problema de la industria vasca es la dimensión, y para ganar tamaño resulta esencial el crecimiento inorgánico con compras y fusiones. Una vez lograda la dimensión adecuada, una firma puede sobrevivir a todos los ciclos, ya que evita el riesgo de concentración en un producto o un área geográfica.

El crecimiento con compras y fusiones permite inmediatez y rapidez en un mundo cambiante, en el que a veces resulta arriesgado hacer una apuesta concreta a 5 o 7 años.

Los fondos de capital riesgo como fuente de financiación para estas operaciones, como el private equity, tienen mala imagen entre los industriales vascos por su temporalidad y su poca relación con la cultura y la vida de la compañía a largo plazo. Muchos empresarios vascos no se apuntan por eso, pese a que estos fondos aumentan la ambición del empresario gracias a los recursos que proporcionan y a que profesionalizan las compañías más pequeñas en asuntos como control e información financiera.”

Antón Pradera, Presidente de CIE Automotive

Expansión, 4-12-2018

“Un entorno social, tecnológico y geopolítico requiere empresas más digitalizadas, innovadoras, internacionalizadas y con mayor profesionalización. Es decir, mejorar su dinamismo, competitividad y productividad requiere que ganen tamaño medio, lo que contribuirá positivamente al crecimiento y a la estabilidad económica de España al mejorar su capacidad de salir al exterior, de innovar, de acceder a la tecnología, de generar empleo de calidad y de formar, retener y atraer al talento. Detrás del dinamismo y la mayor estabilidad económica de países como Alemania, Reino Unido y EEUU está su estructura empresarial, en el que conviven de forma más equilibrada las pequeñas empresas con un número superior de medianas y grandes. En contraste, en nuestro país el 99,3% de las empresas tienen menos de 50 trabajadores, lo que hace urgente impulsar no solo su creación, sino también el crecimiento de su tamaño medio.

En España la regulación vigente no promueve la necesaria transformación de nuestra estructura empresarial, ya que existen barreras fiscales, laborales y burocráticas que desincentivan su crecimiento. Actualmente, superar los 50 empleados y/o una determinada cifra de facturación o de activos elevan los costes de gestión y reducen la capacidad de financiarse con fondos propios, impactando negativamente en la competitividad. Por tanto, deberían reformularse las barreras que discriminen por tamaño empresarial y evitar las medidas anunciadas por el Gobierno.”

Alicia Coronil Jónson, Directora de Economía del Círculo de Empresarios

Expansión, 13-11-2018

Ajedrez

“En este contexto de inversión, la pyme española ha continuado reforzando las tendencias activadas por la crisis financiera. En particular, el aumento de la presencia internacional, elemento diferencial y muy atractivo para los inversores no residentes. Sin embargo, este creciente posicionamiento exterior requiere ganancias de productividad que favorezcan la capacidad competitiva de la empresa. Incrementos de productividad que, además de apalancarse en las mejoras tecnológicas, pasan necesariamente por aumentos de la escala empresarial.

En este sentido, el potencial para empresas e inversores es prometedor. La observación del entramado empresarial español sigue mostrando que el tamaño medio de las empresas españolas es notablemente inferior al de economías del entorno, debido a la escasa participación que tienen las empresas medianas en la economía española. Una mayor dimensión no sólo favorece la capacidad competitiva, sino que además refuerza la estabilidad en tiempos de crisis.

Por ello, el proceso de consolidación del middle market debe involucrar también a las empresas de menor dimensión, cuyo protagonismo ha sido reducido hasta la fecha. Orientar el interés hacia el tejido empresarial de menor tamaño puede suponer una ventaja estratégica y una oportunidad para aquellos inversores dispuestos a dar el paso, los cuales podrían disfrutar de una menor competencia, así como compensar el agotamiento que podría comenzar a observarse en las opciones de inversión en empresas más grandes.”

Isabel Gaya y Pablo Guijarro, AFI Escuela de Finanzas

El País, 11-10-2018

“En ningún caso se trata de dejar de apoyar a las pymes. La idea no debería ser tanto disponer de un marco ideal para la pyme, sino de un ecosistema perfecto para que la pyme no encuentre obstáculos para crecer. El hecho de superar la cifra de 10, 50 y 250 empleados es percibido por las empresas con enorme vértigo por causas administrativas, regulatorias, fiscales, de seguros y laborales.

Por lo tanto, la primera medida sería actuar sobre esos umbrales regulatorios que suponen un muro demasiado elevado para aquellas empresas que quieren crecer. Según los datos oficiales, en España tenemos más de 130 regulaciones vinculadas al tamaño. En este sentido, esos tapones regulatorios al crecimiento se podrían eliminar, sustituir e incluso permitir que actuaran sólo cuando la empresa hubiera consolidado durante varios ejercicios ese avance.

En el ámbito fiscal, por su parte, se pueden diseñar medidas como, por ejemplo, que las operaciones de integración o concentración empresarial tengan un tratamiento fiscal neutro. De esa manera, el coste meramente fiscal de una iniciativa de este tipo no sería una dificultad añadida para acometer decisiones que generan sinergias y, por lo tanto, mayor competitividad. El mensaje sería algo así como no castigue fiscalmente mi crecimiento de inmediato porque posteriormente ya tendrá oportunidad de recaudar cuando haya consolidado mi aumento de generación de riqueza.

Asimismo, si el régimen fiscal incentiva sólo al muy pequeño, se está produciendo una desincentivación a perder esa condición. La idea sería compatibilizar una menor carga fiscal a las empresas pequeñas con la introducción de incentivos para las empresas tras ganar tamaño y salir de aquel régimen.”

Francisco Aranda Manzano, Portavoz de CEIM-CEOE

ABC, 1-10-2018