El proyecto ‘Cátedra Confebask’

Empresa y Universidad, objetivos compartidos

Juanjo Álvarez │ Catedrático Derecho Internacional Privado UPV/EHU. Consejero- Abogado CUATRECASAS

Juanjo Alvarez

Juanjo Álvarez

I-. Todos los estratos o etapas educativas son claves, pero el eslabón superior, el de las Universidades, deviene fundamental para culminar una estrategia que garantice una educación del más alto nivel, una investigación avanzada y una innovación puntera. El tejido empresarial necesita, más que nunca, una verdadera y mayor interacción entre empresa, sociedad y universidad. Empresa y Universidad responden a culturas, valores y misiones diferentes, pero deben coordinarse más y mejor, deben ir de la mano, deben apostar por la superación de modelos de gestión que les convierten demasiadas veces en compartimentos casi estancos dentro de la sociedad.

En este contexto, la puesta en marcha de la Cátedra Confebask que tengo el honor y el reto de dirigir a propuesta del comité ejecutivo de la Confederación es una iniciativa que persigue trabajar juntos para unir esfuerzos entre la Universidad y la empresa en relación con la configuración y promoción de unas relaciones laborales modernas y colaborativas.

II-. Su objetivo es trasladar el nuevo modelo de RRLL desarrollado y gestado en el seno de la Confederación al ámbito universitario para poder así difundir, compartir y enriquecer su desarrollo desde la incorporación al mismo de distintas perspectivas y enfoques académicos y doctrinales pluridisciplinares.

En particular, y mediante la labor a consensuar con los rectores de todas nuestras universidades se acercará el nuevo modelo de RRLL a las aulas universitarias, se promoverá la investigación en torno al nuevo modelo y sus derivadas.

Se instaurarán igualmente reconocimientos a los mejores trabajos de fin de Grado y de fin de Máster vinculados a esta temática, se convocarán becas para la realización de tesis doctorales que profundicen en la reflexión e investigación sobre el nuevo modelo, se facilitarán prácticas empresariales y toda una extensa labor de pedagogía social en torno al mundo de la empresa y las nuevas relaciones laborales.

El reto final es asentar un amplio consenso social y político imprescindible y necesario en torno a la apuesta estratégica por una educación orientada hacia la empleabilidad, proceso que debe liderarse desde sectores de la sociedad civil (Universidades, FP, Centros educativos y empresas) para que el sector institucional apueste de verdad por sentar las bases que permitan superar la compartimentación y la distancia abismal que todavía hoy aleja a esos mundos (el educativo y la empresa), para lograr alcanzar la eficiencia y la equidad en los procesos de educación y formación.

III-. Las universidades deben desarrollar asociaciones estructuradas con la comunidad empresarial a fin de adquirir cada vez más peso económico y ser capaces de responder mejor y más rápidamente a las demandas del mercado y establecer redes que rentabilicen el conocimiento científico y tecnológico. Las empresas pueden ayudar a las universidades a reformular sus planes de estudios y sus estructuras de gobernanza, así como contribuir a su financiación.

La competitividad de las economías depende cada vez más de la disponibilidad de una mano de obra cualificada y emprendedora. Para ello hemos de avanzar en la inclusión de capacidades transversales y transferibles en los planes de estudios a todos los niveles de cualificación; mejores métodos de examen, más dirigidos a la evaluación del aprendizaje y las competencias; un mayor carácter interdisciplinar de las agendas de educación e investigación.

Es preciso incentivar el espíritu empresarial para consolidar el crecimiento y el empleo. El reto de la enseñanza superior radica en facilitar unos entornos de aprendizaje que estimulen la independencia y la creatividad, y un enfoque basado en el espíritu empresarial para aprovechar los conocimientos.

IV-. Educar representa un reto conjunto para toda nuestra  sociedad, un motivo para “civilizar” el futuro, superando aspiraciones individuales, desligado de planteamientos individualistas y autárquicos. Ha de ser un proyecto colectivo, compartido y que impulse nuestra sociedad y nuestros ciudadanos hacia horizontes de superación de la crisis actual. Nos jugamos mucho, y está en nuestras manos superar inercias enquistadas que gripan el motor de la necesaria innovación educativa y social.

Es el momento de pasar del "decir" al "hacer". Los hechos son las nuevas palabras, no basta con pedir colaboración, hay que colaborar; no basta con exigir compromiso, hay que comprometerse; no basta con quejarse de la falta de implicación, quien dirige la empresa ha de ser el primero en implicarse. Es un reto apasionante y factible. En particular, pensando en los jóvenes, estos nuevos valores abren un campo donde puedan desarrollar su potencial para tener personas motivadas. Todos, desde la Universidad, los centros de formación y la empresa debemos preparar a nuestros jóvenes para y hacia una cultura de trabajo diferente. El futuro nos va en ello.